¿Que pasa cuando tiras un petardo?

¡Feliz jueves, familias!

¡Y felices todos aquellos niños y niñas que acaban de empezar las vacaciones!

Aunque sea, de la actividad escolar del curso en el que, seguro, han aprendido infinidad de cosas. Pero ya les toca liberarse, experimentar y hacer un poco el loco, para aprender todo aquello que el cole no explica y que solo puede encontrarse probando, experimentando… viviendo.

Ahora les toca vivir la infancia a tope.

No son pocos los territorios en los que los niños y las niñas empiezan las vacaciones a lo grande celebrando San Juan. Y muchas de esas celebraciones incluyen el fuego y los petardos, los que nos da una (triste) oportunidad de educar en la empatía y el respeto hacia el resto de seres con los que compartimos el planeta.

A muchas personas les desagradan los petardos, entre los que se pueden incluir niños o niñas, personas con capacidades diversas, ancianos… La intensidad de la explosión y la imprevisibilidad con la que suelen ir acompañados provocan en las personas taquicardia, ansiedad, miedo, estrés, entre otras.

Sin embargo, no solo las personas los sufren. Convivir con animales a quienes aterran los petardos es una de las experiencias más frustrantes y dolorosas que he experimentado. Me encantaría poder abrazarlos y explicarles que pasa, pero es tan instintivo que ninguna explicación vale. Ni la transmisión de calma o tranquilidad. Es frustrante, además, pensar que ellos son afortunados. Cientos de animales se enfrentan estos días al terror y la confusión que implica la explosión de petardos a todas horas y en cualquier lugar. Su mayor sensibilidad auditiva es su pérdida. Cada año, muchos animales mueren confusos y aterrados tratando de huir de las explosiones. Otros, el estrés y el terror los deja agotados durante días, con la salud física y emocional totalmente comprometida.

Cada vez que tiramos un petardo, decenas de animales se asustan, se los come el terror. Muchos mueren. Cuando un niño o niña te ve tirando un petardo, entiende que todo vale. Que no hay nada por encima de nuestros deseos y no importa a quien haya que llevarse por delante. Se olvida de la empatía, de los otros, de la compasión y el amor. Se olvida de cuidar al otro, de tratar de no hacer mal. Se olvida, básicamente, de su infancia.

Tratar de entender que sienten quienes sufren con los fuegos artificiales es un ejercicio perfecto para trabajar la inteligencia emocional y fomentar el desarrollo de la empatía, apto para casi cualquier edad. Preguntas sencillas como ¿Qué sentirías al oír explotar un petardo, si no supieras que es?  o ¿Si lo oyeras 100 veces más fuerte? pueden ir guiando a los niños y las niñas hacia la comprensión de las emociones del resto de animales.

Es el principio para entender que la celebración de nuestra alegría nunca puede significar el dolor para otros.

Por favor, si tenéis la oportunidad de compartir el tiempo con niñas y niños, invitadles a reflexionar acerca del uso de pirotecnia. No es solo peligrosa para ellos y el entorno, sino para todos los animales con los que compartimos planeta. Enseñadles que hay mil maneras diferentes de divertirse sin provocar el sufrimiento de los demás.

Ser conscientes de las consecuencias de nuestros actos y actuar coherentemente es el primer paso para educar, realmente, en el amor, la empatía y la compasión. 

Feliz solsticio de verano, familias. Y feliz fin de semana.

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