¿Qué pasa con los peces?

De entre todos los animales, los peces son unos de los que más nos cuesta comprender y, por tanto, es habitual sentir poca empatía por ellos.

Las diferencias físicas obvias no dificulta ponernos en su piel. Además, lo poco habituados que estamos a ellos, debido a su hábitat natural, nos aleja a menudo, de conductas de compasión y respeto hacia los habitantes de agua.

Sin embargo, son muchos ya los estudios que nos demuestran la capacidad de sentir de los peces. Así lo afirma Culum Brown, de la Universidad de Macquarie (Australia), que señala que la percepción sensorial y la cognición de los peces están a la par de otros animales.

E incluso, de sus emociones y los vínculos que establecen. Es el caso de la amistad entre Hiroyuki Arakawa y Yuriko, un pez japonés. Es una amistad de cerca de 25 años, y que se dio gracias a que Hiroyuki es el responsable del mantenimiento de un tempo que se encuentra bajo las aguas de la Bahia Tateyama, en Japón. Podéis descubrir esta preciosa amistad aquí .


Además de su capacidad sensorial, a menudo también se ha puesto en duda su capacidad intelectual y de memoria (muchas somos la que hemos afirmado tener memoria de pez). Sin embargo, todo esto son estereotipos. Brown recuerda que muchos peces viven en complejas estructuras sociales, en las que aprenden unos de otros, se reconocen y cooperan entre ellos. Además, tienen muy buena memoria, lo que les permite reconocer a otros individuos y reproducir comportamientos aprendidos.

Va siendo hora de romper con estereotipos, y aprovechar los descubrimientos actuales sobre los peces para ser capaces de generar empatía hacia ellos y evitar las terribles crueldades que les generamos. En España se matan anualmente 854.000 toneladas de peces para consumo alimentario. El hecho de calcular el número de peces en toneladas y no en individuos (como se hace con animales como las gallinas o los cerdos) nos permite ver la deshumanización total a la que hemos sometido a estos animales. No sabemos cuántos individuos se matan, y no se tienen en cuenta todos los que mueren inútilmente en piscifactorías o al pescarlos y que nunca llegan a formar parte de las estadísticas.

Los peces son individuos que sienten y sufren. Sin embargo, al ser tan diferentes a nosotros, a menudo los excluimos por completo de nuestro círculo de compasión. Es, por tanto, urgente, ampliar dicho círculo e incluir a todos los animales que viven en medios acuáticos. Evitar su sufrimiento es imprescindible. E, insistimos, urgente.

Vamos a enseñar a la infancia a querer y cuidar, también, de los habitantes de los mares, ríos y lagos.