Ocio educativo y respeto a los animales

Trabajar como coordinadora y educadora de ocio educativo (lleure en catalán) me ha permitido, durante años, ser consciente de los mensajes que recibe la infancia, día a día, sobre los animales y como deben ser las relaciones que establecemos con ellos.

El lleure se incluye dentro de la educación no formal y en Cataluña, donde me he criado y vivido toda mi vida, existe una importante cultura y tradición sobre estos espacios educativos. Todo a lo que hoy hago referencia hay que contextualizarlo en Cataluña, ya que es la realidad que conozco lo suficiente como para hablar de ello.

Y en los años 80 y 90 éramos infinidad quienes dedicábamos nuestro tiempo libre a participar en estas actividades, que se realizaban en un entorno de empoderamiento infantil y cambio social. Estas actividades eran realizadas, casi en su totalidad, por jóvenes voluntarias y voluntarios, que compartían su tiempo libre con niñas, niños y otras jóvenes a quienes educaban en el respeto, la tolerancia y la responsabilidad social.

Porque es imposible hablar de lleure y no hablar de su concepto del mundo y de la participación social.  

Aunque en los últimos años, la profesionalización del sector (algo totalmente necesario) y la consolidación de grandes empresas en muchos casos ha banalizado y capitalizado el concepto de lleure es cierto que también se ha extendido y ha conseguido llegar a más niñas y niños.

Por eso, es imprescindible que, a los valores que impregna el lleure, se sume el respeto al resto de animales. Es cierto que la responsabilidad ambiental suele formar parte de el ideario de estos proyectos, sin embargo podríamos decir que es des de una visión puramente ecológica y conservacionista, y no de empatía y respeto, que se incluye la protección del medio ambiente y del planeta.

Al igual que las y los profesionales de la educación formal, quienes están vinculados al lleure deben realizar una profunda reflexión acerca de que valores transmiten en su desarrollo profesional y personal acerca de las relaciones que establecemos con los otros animales. Y, a partir de ahí, educar realmente en el respeto y la compasión hacia otros.

Las posibilidades son infinitas, pero debemos ser conscientes de la gran importancia de los mensajes que transmitimos y del ejemplo dado. No podemos enseñar a las niñas y niños lo increíble que es querer y cuidar del resto de animales mientras los usamos cual objetos. Este es el caso de una actividad cada día más de moda en los casales organizados por hípicas y centros ecuestres y que últimamente se ha visto por las redes: pintan ponis y caballos como si fueran lienzo, bajo supuestos objetivos de conocimiento de los caballos y de aprender a respetarlos.

Pues no. La cosa no va así. Si nuestro objetivo es el respeto, no puede haber cosificación. No podemos hablar de conocer a los animales si lo que queremos conocer es como son los animales cuando los humanos los usamos como esclavos. Es como visitar el zoo para descubrir animales salvajes.

Vamos a permitir que la infancia conozca a los otros animales desde la igualdad, el respeto y el amor. Pero para ello, es imprescindible que nosotros también los respetemos y protejamos como merecen.