Ninguna granja debería llamarse escuela

Tuve la suerte de dejar las salidas a espacios con animales encerrados hace años. Sin embargo, lo hice durante años y fueron salidas en las que aprendí mucho y me cambiaron la vida.

Las redes sociales nos dan la maravillosa oportunidad de llegar a gente que difícilmente hubieras encontrado de otra manera.

Así me ocurrió con Núria Mir y el texto en el que explicaba su visita a una granja escuela junto a niñas y niños de 3 años. Puso por escrito lo que tantas veces sentí y jamás expresé. Hoy, me siento orgullosa que cada día haya más profesionales como Núria, preocupadas no solo por el bienestar de los seres humanos, también en el del resto de animales y para con ellos.

Las palabras de Núria expresan perfectamente porque es imprescindible que los profesionales de la educación realicen una profunda reflexión acerca de los valores que transmitimos a la infancia. No podemos educar sobre el amor y el respeto mientras explotamos y torturamos.


Vengo de una excursión a la granja con las niñas y niños de P3.

Solo diré que no he podido dejar de llorar interiormente en ningún momento.

Trabajando en centros educativos y teniendo conciencia antiespecista, te das cuenta muy rápidamente porque cuesta tanto erradicar la discriminación por razón de especie en esta sociedad: la transmisión de valores especista es constante y perversa: sucede diariamente bajo un velo de (falso) amor hacia los animales y des de una (falsa) admiración hacia ellos y la naturaleza, a quienes no cuidamos ni respetamos, sino que enjaulamos y explotamos para poder usarlos cuando lo deseemos.

Hoy he visto como malvivían un montón de conejos encerrados en jaulas y como la monitora se refería a estas como “su casa”. “Ya los hemos tocado todos. ¿Habéis visto que suaves son? Devolvámoslos a su casa para que descansen”. Y allí pasan la vida. Hasta que venga otra escuela y vuelvan a ser manoseados y aplastados a conveniencia nuevamente.

Hoy he sentido como adultas explicaban a niñas que las vacas hacen mucha leche para así poder beber todos. Y cuando un niño ha dicho que las terneras también, ella lo ha negado contestando que comen hierba.

Hoy he tenido que presenciar cómo se admiraba la producción lechera de las cabras y ovejas para hacer quesos de muchísima calidad y que están buenísimos.

Hoy he tenido que ver como una gallina se resistía a ser atrapada para posteriormente ser manoseada por 104 manos y como, después que un niño dijera “no quiere que la toquen”, la monitora le contestara que tiene razón, pero que no se preocupe, porque la cogerá bien fuerte para que todo el mundo pueda acariciarla. Después, cuando la gallina ha dejado de resistirse para estar tranquila, la monitora le ha dicho que será una buena gallina porque pondrá muchos huevos y seguro que estarán buenísimos.

Hoy he visto como los cerdos vietnamitas no se podían levantar de ninguna manera porque pesan demasiado y nadie se preocupa por cuidar su dieta y tener en cuenta su movilidad.

Hoy he visto como le han arrancado dos plumas a un pavo para que cada clase se llevara una de recuerdo.

Hoy he visto como, delante de las ocas, la monitora explicaba a las niñas y los niños que tienen patas con aletas porque les encanta nada. A pesar de ello, viven en jaulas donde el agua es prácticamente inexistente. Estas ocas nunca sabrán lo que es sumergirse en un lago y de poco les servirá su fisonomía.

Hoy he sentido como al burro se lo presentaba como herramienta de trabajo: “Es tan bueno y nos ayuda tanto…

Hoy he tenido que ver cómo, después de conocer a todos los animales encerrado en aquella “granja escuela” nos han servido una merienda a todo el equipo docente a base de fuet, longaniza, butifarra blanca y negra y jamón: los trozos de los cuerpos de la familia de los animales que acabábamos de conocer. Nadie quería hacer la conexión. Y si la hacían, les importaba tres pimientos. Todos han degustado los trozos de cadáver con una pasión estremecedora. Yo he vomitado.

Y lo más triste de todo es que el espacio y las personas encargadas de esta salida se consideran amigas de la naturaleza y de los animales. Creen vivir conectadas con ella y conocer bien el reino animal. Pero ignoran y se olvidan de lo más relevante, de lo más esencial, de lo más vital: los animales no son cosas, no son productos y no deberían de ser nuestros esclavos. Son individuos con subjetividad y intereses propios y, por lo tanto, merecedores de todo nuestro respeto. Nos apetezca o no.

Hoy, por lo tanto, me siento triste, frustrada, enrabiada y tengo la sensación que combato con Goliat.

Y es que hoy he estado en un lugar donde todo funcionaba al revés: quien debería campar libremente no lo hacía: los animales no humanos. Y, en cambio, quien si campaba libremente y no debería hacerlo era la desinformación y la injusticia.

Mierda de educación la que te enseña a aceptar, a naturalizar y a admirar las violaciones.

Siempre con las oprimidas.

Veganismo es justicia.

Porque otra educación es posible.

 

Poco a poco se amplían las alternativas para conocer a los animales en espaciados donde no son explotados ni cosificados. Enseñemos a amar y cuidar desde la verdad y la justicia.

Feliz fin de semana, familia.

(la foto es de el primer refugio de ADE, donde los animales si son considerados individuos, cuidados y respetados como deberían serlo todos)