Animales en (j)aulas

¡Feliz jueves, familia!

Esta semana, muchos de los peques han empezado un nuevo curso.

Los nervios y la emoción de los peques, sumado al estrés de los mayores y la incertidumbre de los primeros días, hacen de estas primeras semanas que afectan a todos los implicados en la educación formal de las niñas y los niños.

Sin embargo, deberíamos reservar algunos momentos para reflexionar alrededor de la práctica educativa que se desarrolla y de los valores que la misma transmite.

Y, hablando de escuelas, es importante pensar y repensar acerca del papel que hemos reservado para los animales. Además de en los libros de texto y su presencia constante en muchas de las salidas (granjas, zoológicos,…), es inevitable volver la vista a las aulas y recordar aquellos pequeños animales tristemente elegidos para formar parte del curso y sufrir las terribles consecuencias.

Hámsters, peces, insectos, pájaros, conejos y otros muchos individuos seleccionados, supuestamente, por su compatibilidad con la infancia, su nula afectación en las actividades en el aula y la facilidad de transporte.

Aunque podamos pensar que ya es una práctica infrecuente, todavía es posible encontrar pequeños animales en las aulas de las niñas y los niños. Supuestamente, gracias a este hecho, los alumnos y alumnas aprenden responsabilidad, biología y otras muchas habilidades y conocimientos.

Sin embargo, es totalmente cuestionable. Poco puede aprenderse de los animales hacinados más que todas las patologías y enfermedades que puede generarles la cautividad y el estrés de vivir en un aula. No podemos, por otra parte, hacer responsables a niñas y niños de la vida de un individuo, y menos cuando a menudo, al acabar el curso, muchos de estos animales son abandonados u olvidados.

Pero, por encima de todo, no podemos enseñar de empatía ni de respeto cuando nuestros actos no van acordes con ello.  No hay más que entender que, al utilizar una vida para educar, estamos pasándonos por alto todo el respeto que le podíamos tener. Cuando no tenemos en cuenta sus necesidades (de hábitat, sociales, emocionales…) ni las consecuencias de la vida a la que le hemos condenado, no podemos hablar a las niñas y los niños de empatía. Porque si lo hiciéramos, les haríamos comprender el estrés que viven; la tristeza de una vida condenada en un espacio reducido, sin compañía. Les ayudaríamos a reflexionar sobre el utilitarismo del que son víctimas, comprados, vendidos y tirados como objetos cualquieras. Les facilitaríamos entender que nada justifica el uso y el abuso sobre otro individuo. Que los animales no están aquí para que los usemos de ninguna manera.

Ahora que empieza un nuevo curso, es una oportunidad magnífica para iniciar el cambio de paradigma tan necesario. Y la educación, tanto el sistema como las personas implicadas, debe ser donde empiece el cambio que tantísimos animales (humanos y no humanos) necesitan para poder vivir en paz.

Pero, ¿que podemos hacer ante una clase con un animalillo?
La primera opción es siempre hablar con el profesional responsable, explicarle todo lo que implica para el animal esa situación y todas las alternativas que hay para aprender sobre ellos y sobre responsabilidad. Si se muestra receptivo, podéis proponerle que alguna asociación se haga cargo del animal para garantizar su bienestar. 
Si os encontráis con un profesional que no quiere ceder, siempre podéis hablar con el resto de familiares o con la dirección. Pero no lo dejéis pasar

¡Feliz fin de semana!