Acoso escolar y violencia normalizada

Buenos días, queridas familias.

La semana pasada recibíamos la triste noticia del suicidio de Louie, un chico británico que sufría acoso escolar. Si no la conocíais, es ésta.

En la mayoría de noticias podéis leer que le tiraban carne y que su veganismo era el motivo del acoso escolar que sufrió y le llevó a ahorcarse con tan solo doce años.

El acoso escolar es una de las muestras de la prevalencia y aceptación de la violencia en nuestras sociedades. Su expresión más ruin, que transforma a niños y niñas en violentos matones que agreden, acosan y lastiman a otros, a menudo silenciados e ignorados por su entorno.

Es uno de los grandes males y deberíamos invertir todo esfuerzo posible en gestionarlo y eliminarlo radicalmente. No podemos permitirnos que la infancia viva con miedo, así como no podemos permitirnos que la infancia se transforme en individuos carentes de empatía y compasión. Pero para ello, es imprescindible que todos realicemos una profunda reflexión acerca de nuestra condición de agentes socializadores para con la infancia y de los valores que le transmitimos.

Para luchar contra el acoso escolar, hay que aumentar a la empatía, la compasión y el respeto a los pilares fundamentales de nuestro entorno, de nuestra vida y de nuestras relaciones. Hay que trabajar por el empoderamiento y la participación infantil, hay que dotar a la infancia de las herramientas necesarias para hacerlo y apoyarles en su caminos, infundándoles confianza, seguridad y espíritu crítico.

Pero no podemos hacer todo esto cuando participamos, financiamos y defendemos la masacre, la cosificación, la utilización y la explotación de millones de animales. Nuestro círculo de compasión debe ampliarse hasta incluirlos en él. Solo entonces, nuestro papel en la socialización de la infancia podrá incluir el trabajo contra el acoso escolar.

Si nuestros actos justifican la violencia, no podremos dotar a la educación de la base necesaria para educar en el respeto entre iguales. Seguirán los abusones, seguirán los matones.

Por eso,  el hecho de ser vegano no es lo importante. Porque es un motivo más. Como puede ser el peso, los gustos personales, el color de pelo o de piel… lo que sea. Son solo excusas que abren la puerta a la violencia contra el diferente.

Educamos con nuestros actos. Si apoyamos la violencia, transmitimos violencia. Acabemos con ello. Analicemos nuestros actos y rompamos con la violencia en la que participamos, a menudo, de forma inconsciente y automática. Eduquemos por la paz